Tu amiga te recomienda ese aceite que a ella le ha cambiado el pelo, lo compras ilusionada… y a ti te lo deja apelmazado o sin efecto. ¿Por qué a dos personas les funcionan productos completamente distintos? La respuesta tiene un nombre que quizá no conozcas pero que lo explica casi todo: la porosidad del cabello.
Entender tu porosidad es, probablemente, la clave que te falta para dejar de gastar dinero en productos que no te funcionan y empezar a darle a tu pelo lo que de verdad necesita. Te explicamos qué es y cómo descubrir la tuya en casa con una prueba muy sencilla.
Qué es la porosidad del cabello
La porosidad es la capacidad que tiene tu cabello para absorber y retener la humedad y los productos. Y depende de cómo esté la capa más externa del pelo, la cutícula, que funciona como las escamas de una piña o las tejas de un tejado.
Cuando esas «escamas» están más cerradas o más abiertas, tu pelo absorbe y retiene el agua y los productos de forma muy distinta. Por eso la porosidad determina qué texturas, aceites y tratamientos te funcionan y cuáles no. No se trata de tener «buen» o «mal» pelo, sino de conocer el tuyo para tratarlo bien.
Los tres tipos de porosidad
Existen tres niveles de porosidad, y cada uno tiene sus características y necesidades.
Porosidad baja
La cutícula está muy cerrada y compacta. Al pelo le cuesta absorber la humedad y los productos, que tienden a quedarse «por encima» en lugar de penetrar. Suele ser un cabello que tarda mucho en mojarse del todo y también mucho en secarse, y al que los productos densos fácilmente le apelmazan. Necesita productos ligeros y, muchas veces, algo de calorcito (agua templada) para que penetren mejor.
Porosidad media
La cutícula está en un punto equilibrado: deja entrar y retener la humedad de forma adecuada. Es el cabello más «fácil» de cuidar, el que suele responder bien a la mayoría de los tratamientos y mantiene bien la hidratación y el color. Solo necesita un mantenimiento equilibrado para conservarse así.
Porosidad alta
La cutícula está abierta o dañada, a menudo por decoloraciones, tintes agresivos, calor o factores genéticos. El pelo absorbe la humedad y los productos con mucha facilidad, pero también los pierde enseguida, por lo que tiende a estar seco, encrespado y a romperse. Necesita hidratación intensa, nutrición y, sobre todo, sellado para retener lo que absorbe.
Por qué un mismo producto no va igual a todo el mundo
Aquí está la respuesta a la pregunta del principio. Un aceite nutritivo y denso puede ser la salvación de un cabello de porosidad alta, que lo absorbe y lo necesita, y el peor enemigo de uno de porosidad baja, al que ese mismo producto le apelmaza y le apaga.
Por eso no existe el «producto milagro» universal: existe el producto adecuado para tu tipo de porosidad. Conocer la tuya es lo que te permite acertar en lugar de ir probando a ciegas.
Cómo saber tu porosidad en casa: la prueba del vaso
La forma más popular de hacerte una idea de tu porosidad es una prueba muy sencilla que puedes hacer en casa. Solo necesitas un vaso de agua y un cabello tuyo.
- Coge un cabello limpio (sin productos) que se te haya caído de forma natural.
- Llena un vaso con agua a temperatura ambiente.
- Deja caer el cabello sobre la superficie del agua.
- Espera unos minutos y observa qué hace.
La interpretación es esta:
- Si el cabello flota y tarda en hundirse: probablemente tienes porosidad baja. La cutícula cerrada no deja entrar el agua fácilmente.
- Si se queda en el medio del vaso: apunta a porosidad media.
- Si se hunde rápidamente hasta el fondo: indica porosidad alta. La cutícula abierta absorbe el agua enseguida.
Un apunte honesto: esta prueba es orientativa, no una ciencia exacta. Factores como restos de producto o la grasa natural pueden alterar el resultado, así que tómala como una primera pista, no como un diagnóstico definitivo.
Otra pista: la prueba del tacto
Puedes complementarla con otra prueba muy fácil. Coge un mechón y desliza los dedos por un cabello, desde la punta hacia la raíz (a contrapelo). Si lo notas liso y resbaladizo, tu porosidad tiende a ser baja. Si notas pequeñas rugosidades o «baches», la cutícula está más abierta, lo que apunta a una porosidad más alta. Observar cuánto tarda tu pelo en secarse también ayuda: mucho tiempo suele indicar porosidad baja; muy poco, porosidad alta.
Y una vez que sé mi porosidad, ¿qué hago?
Conocer tu porosidad es el punto de partida, pero cada cabello es un mundo y también influyen el grosor, el estado y tu rutina. A grandes rasgos, la porosidad baja agradece productos ligeros y aplicar los tratamientos con el pelo húmedo y templado; la media, mantener el equilibrio sin abusar de nada; y la alta, apostar por la hidratación y la nutrición profundas y por tratamientos que reparen y sellen la fibra.
Si tu pelo está muy dañado o poroso por decoloraciones o tratamientos agresivos, un tratamiento profesional como la reconstrucción capilar puede devolverle la fuerza reparando la fibra desde el interior. Y para mantener la hidratación y controlar el encrespado del cabello más poroso, nuestras terapias de hidratación y antifrizz marcan una gran diferencia.
Dale a tu pelo lo que de verdad necesita
Dejar de guiarte por lo que le funciona a los demás y empezar a escuchar lo que tu propio cabello necesita es el mayor cambio que puedes hacer por tu melena. Y todo empieza por conocer tu porosidad.
Si quieres ir un paso más allá de las pruebas caseras, en Tandem Hair analizamos tu cabello en persona y te recomendamos exactamente los productos y tratamientos que necesita, con nuestro asesoramiento personalizado. Pide tu cita y descubre de qué es capaz tu pelo cuando le das lo que le pide.
